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Ale, el patito surfista (6ª parte)

Conectándote con lo que eres

08 Febrero | Por Pepe Cabello

Habían pasado unos años desde el nacimiento de Ale, por lo que esa noche iban a celebrarlo. Ale estaba nervioso, pues le habían dicho sus amigos que era un día de regalos, de pastelitos y de fiesta. Llegó la noche, cenaron más o menos tranquilos.

He de decir que Ale esperaba mucho más de lo que recibió, e incluso miró a ver si su abuelo le había regalado la tabla de surf a la que tanto aspiraba con vehemencia, quería disfrutar de su posesión, sentir que era suya… Pero no ocurrió, no había mucho dinero en casa y apenas dio para una tarta con merengue.

A las doce en punto de la noche, Abuelo,  hizo salir a Ale al campo y le dijo: “Querido nietecito, ¿puedes ver las estrellas?¡Sí!, -contestó Ale-, ¡claro que sí Abuelo!, ¿porqué me preguntas eso?
Míralas por unos minutos y cuando puedas, chasquea tus deditos, con cuidado, porque las membranitas que los unen te lo van a poner considerablemente difícil

Ale, miró atónito al cielo y, quizá por primera vez en su corta vida, pudo ver su inmensidad, las miles de estrellas que lo decoraban y cuando llevaba unos minutos haciéndolo, chasqueó sus “deditos” casi sin sonido. Esto, ya se lo había advertido Abuelo, las membranitas que los unían, le molestaban para hacerlo bien.

Después de varios intentos, lo consiguió, y un sonido como si de un látigo se tratara, se produjo como cuando chocan dos piedrecillas de río.
Ya Abuelo, ¡ya lo hice! -dijo Ale, muy exaltado.

Muy bien, “quiero que cada año de tu vida, a esta hora, salgas al aire libre y por unos minutos puedas contemplar el cielo, tal y como lo hemos hecho hoy, pienses en mí y chasquees tus deditos
¿Podrás recordarlo y hacerlo cada día de tu vida?

 

No trates de ganar-te la vida, dedícate a vivirla. Tuitea esto

 

¡Claro que sí Abuelo, claro que sí! Ale, retornó a su casa pensando que Abuelo tan sólo le dio ese “regalo”, pero no llegaba a entender nada en absoluto de lo que le quiso indicar.

La fiesta terminó poco más o menos como había comenzado, eso sí, hubo tarta y algún que otro regalito, pero ninguno relacionado con el sueño de Ale, el de Ser Surfista.

Ale apenas pudo dormir esa noche, como casi todas las que le precedieron y las ulteriores, ya que no conseguía conciliar el acto de dormir, pensando una y otra vez el que quería ser surfista.

Comenzó a preguntar y a informarse, siempre eso si, de la mano de Abuelo, quien le explicó lo importante que era observar a los que ya sabían, prestar atención a cómo lo hacían, cómo se movían; que copiara y moldeara cada pequeño movimiento que estos expertos ya hacían con toda naturalidad.

trabajo


Si haces lo mismo que hace otro, es probable que obtengas los mismos resultados”, le decía Abuelo. “Así que si no te gusta los resultados que están obteniendo los demás, no hagas las mismas cosas que ellos hacen, porque de lógica obtendrás exactamente los mismos resultados. La mayoría critican lo que hacen los demás, pero curiosamente terminan haciendo o mismo… es absurdo. Además luego observan los resultados conseguidos y se dedican a quejarse de nuevo… jajaja

Ale, dijo Abu, para la mayoría de nosotros lo importante es cuantas cosas tienes y es una absurdez. De hecho hemos pasado años recibiendo la información equivocada de que eres lo que tienes, incluso alguien se atrevió a decir en su momento “tanto tienes tanto vales”.

 

Cuando una persona consigue que su misma actividad sea su vocación, su misión, y su profesión, comienza a vivir caminando en la felicidad. Tuitea esto


Es un problema que sufre esta sociedad: “tener sin hacer”. Y si esto ya es duro de entender y asimilar imagínate los que “hacen sin ser” es decir los miles y miles de seres que existe haciendo cosas para “ganarse la vida” que no aman lo que hacen.

Querido Ale, hemos invertido el proceso lógico de cómo son las cosas, pues primero hay que ser para luego hacer y de esta manera tus acciones estarán en consonancia con lo que eres. Es la manera de comenzar el camino de la felicidad, no el camino hacia la felicidad, pues la felicidad no es un lugar donde ir o llegar sino un camino, una manera de vivir que comienza de la manera más simple y sencilla que puedas imaginarte: ¡DECIDIENDOLO!

Una vez que has empezado a hacer aquello que eres, entenderás algo que los mayores olvidan y sé que se les olvida cuando les escucho decir esas sandeces como: “quiero separar mi vida personal de la profesional”… ¿separar? ¡¡Qué barbaridad!! Es como no estar conforme con una parte de tu cuerpo, en este caso con una parte de tu vida. Uno siente “chirríos y ruidos” internos cuando tiene que trabajar en lo que no ama.

Recuerda esta clave (insistía Abuelo): “cuando una persona consigue que su misma actividad sea su vocación, su misión, y su profesión es la manera de vivir en pasión y esto es comenzar a vivir caminando en la felicidad

La gente dice: ¡busca tu pasión! Esta es la manera de encontrar la pasión. Haz que tu vocación, es decir tu porqué;  tu misión, es decir tu para qué y tu profesión, osea su cómo, simplemente sean lo mismo. Entonces ocurrirá la magia de que tendrás aquello que este en consonancia con lo que eres y haces… ¿ves? Es al revés, primero eres. Luego haces y por ultimo tienes: Ser, hacer, tener.

De lo contrario pasarás el resto de la vida con la sensación de tener que ganártela con esfuerzo y sacrificio y eso es muy pero que muy pesado: ¡ganarse la vida!... uuufff… que sensación tan pesada.

¡No trates de ganar-te la vida, dedícate a vivirla… es para eso que se te ha concedido este hermoso regalo de existir!

 


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