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¿Tomar una decisión o hacerla?

¿Te has parado a pensar cómo tomamos las decisiones las personas?


28 Julio | Por Pepe Cabello

Tags : Coaching |

Cuando alguien tiene una decisión importante que tomar en su vida, no una de esas decisiones sin importancia, sino una decisión transcendental o al menos con el grado de importancia suficiente como para ponerse a pensar en ello.

Lo que hacemos todos y cada uno de nosotros, es una “línea del tiempo”, es decir, nos situamos en el tiempo presente y analizamos si tenemos los suficientes recursos como para decidir; si no encontramos en ese preciso instante referencias o recursos que nos apoyen y/o animen a decidir, automáticamente nos trasladamos al pasado, rebuscando en nuestra vida experiencias similares de donde sacar las referencia y los recursos que nos ayuden a armar la decisión.

En ese momento, lleno de recursos, nos proyectamos al futuro y nos imaginamos el resultado que tendremos si tomamos una decisión u otra y depende de lo que “veamos” decidiremos una cosa u otra; es decir, si nos gusta lo que visualizamos como resultado, simplemente consideramos que si nos conviene y si lo que vemos no nos resulta halagüeño, pues tomamos la decisión de que no nos conviene.

En busca del confidente

El confidente, tu amigo
Resulta curioso lo que hacemos cuando no nos gusta lo que vemos o no encontramos recursos o referencias. Llamamos a un amigo o a una amiga y le decimos que tenemos una decisión muy importante que tomar y necesitamos su consejo. En ese momento le exponemos el máximo de datos posibles de la situación y le preguntamos: ¿Tu, en mi lugar, qué harías? (dicho sea de paso, es imposible ponerse en el lugar literal del otro, ya que las referencias del pasado estarán marcadas por su experiencia y evidentemente la proyección al futuro condicionada por sus recursos e incluso los miedos al mirar adelante son totalmente distintos en cada uno de nosotros). Nuestro confidente lo que hace es exactamente lo que hicimos nosotros, es decir, mira hacia atrás en “su” pasado buscando “sus” referencias y se proyecta al futuro, imaginándose “su” resultado; así de igual manera, si lo que ve le gusta, simplemente te dice: “Yo, en tu lugar, lo haría, o no lo haría”.

“Él es mi amigo más querido y el más cruel de mis rivales, mi confidente y el que me traiciona, el que me apoya y el que de mí depende; y lo más espantoso de todo: es mi igual.”
Gregg Levoy

Debemos de tener mucho cuidado al mirar atrás y adelante en nuestras vidas, ya que mucha gente, por defecto, tiende a colocar un pié en los fracasos del pasado y otro en los miedos del futuro y lo único que sucede, es que terminan “orinándose” en el presente.

No estoy diciendo que sea malo pedir consejo, de hecho es muy importante, ya que quizá la otra persona pueda ver cosas que no estamos viendo y nos pueda advertir de ciertos peligros o simplemente hacernos ver que hay otras opciones, que cómo dice John Grinder, son la esencia de los dioses.

De hecho, hay decisiones que una persona necesita datos para tomar una opción u otra y en este caso si es extremadamente necesario buscar la información para que te ayude a decidir; por ejemplo un experto financiero para tomar una decisión en lo económico, un experto en salud para tomar una decisión que afecte a tu salud, etc.

¿Te has parado a pensar cómo tomamos las decisiones las personas?
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Por cierto, me gustaría que hiciéramos una reflexión más y pensáramos que tomar una decisión no es una expresión del todo correcta. Personalmente me gusta mucho más como se dice en inglés: Make a Decision. Es decir, “Haz una decisión”. Y me gusta más porque responde al concepto más profundo de lo que significa una decisión, que no se toma, sino que se construye paso a paso.

La próxima vez que vayas a “hacer una decisión” en tu vida, mira en tu pasado para buscar recursos que te empoderen y mira al futuro preguntándote: y si no tuviera miedo, ¿qué haría? Si lo que ves te gusta, comienza a dar los pasos necesarios para construir la decisión que más te convenga y si no decides nada, piensa que no decidir ya es una decisión en sí misma.

Recuerda que “la mejor decisión es la que tomaste, ya que nunca sabrás cual hubiera sido el resultado de la otra opción”, por lo que asumir la responsabilidad de lo decidido es clave para configurar nuestro destino.


SOBRE EL AUTOR/A

Pepe Cabello

Empresario de vocación, me formé en habilidades comerciales a mis 20 años y dediqué años de mi vida a esta profesión, obteniendo grandes resultados. Fruto de esta experiencia me interesé por la Inteligencia Emocional y la PNL. Articulista habitual del Grupo Joly y colaborador semanal de cadena Cope. Fundador y CEO de Diamond Building.